Con el paso del tiempo, de los cambios, de cicatrices, de ese eterno aprendizaje; he dejado de perseguir la "felicidad ruidosa". La que hoy te venden, la instagrameable, la que es solo fuego artificial para la tribuna. Esa que explota en colores, pero se apaga rápido.
En cambio, encontré otra. La que no grita, la que te susurra por lo bajo cuando menos lo esperás. La que vive en un mate tranquilo, en una tarde sin planes, en simples conversaciones donde no hace falta llenar silencios.
Esta felicidad, la esporádica, no tiene filtros. No necesita de testigos, ni de aplausos. Es pequeña, casi invisible para el resto; pero tan sólida, que te sostiene en esos días grises.
Con los años, la vida, aprendí que lo que realmente vale no hace ruido. Viene despacito, se instala sin avisar, y cuando te das cuenta ya está ahí, haciéndote compañía.
Y al menos, por ahora, ese susurro es todo lo que necesito. Y es más que suficiente…
MC
#ReflexionesEnOjotas
#ApuntesalMargen
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