Segunda vez en pocos meses. El mismo hallazgo, el mismo golpe. Decenas de fotografías familiares tiradas en la calle, sin ceremonia, sin culpa. No en algún margen olvidado de la ciudad: en el centro. Como si la urgencia de deshacerse de ellas no hubiera podido esperar a llegar más lejos. Fotos que fueron álbumes. Álbumes que fueron domingos, cumpleaños, caras que alguien amó lo suficiente como para inmortalizar. Hoy, descarte. Basura con rostro. Vivimos tiempos que se olvidan solos. Donde el funeral vale más que el muerto, donde lo heredado se mide por lo que puede venderse y lo que no tiene precio no tiene lugar. La "evolución" nos alejó de los momentos y nos acercó a las ventajas. De lo que nos corresponde por el solo hecho de existir, sin haber dado a cambio ni tiempo ni compañía. Así avanza la cultura de lo playo, de lo plástico, de los deseos decretados al universo como si el universo tuviera obligación de escuchar. Las vidas pasan. Los recuerdos, tambi...
Antes se llamaba "Conversación". Ese difícil y antiguo arte de decir lo que se quiere decir, de escuchar lo que el otro necesita escuchar, de encontrar las palabras que abren en lugar de las que cierran. Hoy, en tiempos de IA, le decimos "Prompting". Ahora resulta que, las máquinas más sofisticadas que el dinero humano pudo construir, responden mejor a quien sabe conversar. A quien pregunta con precisión, ideas claras, y a veces con agregado de alma. A quien entiende que, una pregunta mal hecha, es una puerta mal puesta: no protege ni deja pasar. La Ironía es perfecta: enseñamos a hablar a máquinas, y las máquinas nos recuerdan, lo que nosotros venimos olvidando. Cómo que el que escucha bien, pregunta bien. El que pregunta bien, piensa bien. Siempre fue así, en la mesa familiar, en el consultorio, en la plaza, en un poema. La llamada " Inteligencia Artificial", en definitiva, no inventó nada. Solo puso un espejo nuevo frente a una verdad vieja....