Tiene esa tranquila costumbre de ocupar el espacio justo, sin empujar, sin necesitar que todos den vuelta a mirarlo. Habla, cuando tiene algo que decir. Cuando no, calla. Y ese Silencio, también pesa, también dice. El Ruido es otra cosa. El ruido, necesita de audiencia, necesita de eco, necesita que alguien confirme que está ahí. Se infla, ocupa, interrumpe. No porque tenga mucho adentro, sino precisamente porque le falta. La Profundidad, nunca hace escándalo… Cuando el río es profundo, no borbotea. Es el playito, el que choca con todas las piedras, el que avisa desde lejos que viene. Con las Personas, generalmente pasa lo mismo, uno aprende a distinguirlos con el tiempo. El que habla fuerte, para que no le pregunten demasiado. El que busca llenar silencios, porque el silencio generalmente incómoda. Ese que necesita tener razón en voz alta, para buscar convencer y convencerse de que la tiene. Después están los otros, los que no necesitan demostrar nada, porque ya saben...
No siempre sabemos hacia dónde. Pero a veces, donde no, con eso alcanza. Hay extraña claridad, en conocer los bordes. Lo que ya no va. Lo que se toleró, demasiado tiempo por miedo, por costumbre, por no saber que existía otra cosa. Lo que dejó un rastro de cansancio que no miente. Saber lo que no se quiere, no es poco. Es, en muchos casos, el único mapa disponible. Y los mapas al revés, también orientan. Te dicen por dónde no ir, que a veces es más valioso que saber el destino. Porque el que conoce sus límites, camina distinto. No a ciegas. Con una brújula hecha de experiencias propias, de heridas que enseñaron, de puertas que se cerraron desde adentro y no desde afuera. El que todavía no sabe lo que quiere, no está perdido. Está eligiendo, que es una forma más honesta de llegar... " El Mapa al Revés." #ReflexionesenOjotas #ApuntesAlMargen #MicroHistorias