Ir al contenido principal

Ese curioso planteo, de no saber lo que querés, pero si saber lo que no...

No siempre sabemos hacia dónde. Pero a veces, donde no, con  eso alcanza.

Hay extraña claridad, en conocer los bordes. Lo que ya no va. Lo que se toleró, demasiado tiempo por miedo, por costumbre, por no saber que existía otra cosa. Lo que dejó un rastro de cansancio que no miente.

Saber lo que no se quiere, no es poco. Es, en muchos casos, el único mapa disponible.

Y los mapas al revés, también orientan. Te dicen por dónde no ir, que a veces es más valioso que saber el destino. Porque el que conoce sus límites, camina distinto.

No a ciegas. Con una brújula hecha de experiencias propias, de heridas que enseñaron, de puertas que se cerraron desde adentro y no desde afuera.

El que todavía no sabe lo que quiere, no está perdido. Está eligiendo, que es una forma más honesta de llegar...

" El Mapa al Revés."

#ReflexionesenOjotas
#ApuntesAlMargen
#MicroHistorias 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Identidad. No Sos lo que se ve a simple vista…

Sos lo que hacés cuando nadie te mira, lo que decís cuando la puerta se cierra. Lo que realmente pensás, en esos silencios largos, donde solo estás vos con vos. Porque todos tenemos dos versiones: la que mostramos y la que guardamos. La de la vidriera y la del sótano. La verdadera identidad vive en ese espacio que no fotografiamos, que no compartimos, que apenas nos animamos a confesar. Sos también, esos pensamientos que te avergüenza, esas palabras que dijiste por atrás y que hoy te pesan. Pero también, sos esa bondad secreta que nadie vio, esas pequeñas victorias contra tus peores instintos que celebras en soledad. La Identidad, no es el personaje que construís para los demás, es todo eso que hacés cuando el público se va; cuando las luces se apagan y quedás solo frente al espejo; ese reflejo que también sos vos.  Y ahí, está la parte jodida, no podés mentirte en tu cara. Podés engañar al mundo entero, con tu mejor actuación, pero vos sabés. Sabés, quién sos de verdad...

Divorciado de la Normalidad...

Me confieso, Divorciado de la Normalidad. Más, de esta nueva, la que llegó después de la pandemia. ¿ Se acuerdan? Todos prometiendo volver mejores, más humanos, más conectados. Pero pasada la tormenta, la ola, volvimos igual o peor; en la mayoría de los casos. No me interesa caretearla, en un mundo de cartapesta; cada vez más pasado a humo y ego desmedido. Donde el odio, crece como el pasto, y la humanidad cotiza a la baja. Donde, prácticar la empatía se volvió sinónimo de debilidad, algo a desechar para continuar sobreviviendo.  No me interesan los ambientes ruidosos, desbordados en glamour vacío, brillos sintéticos, halagos que no duran un café, palmaditas en la espalda, puñaladas en pausa. Cardúmenes detrás de algo, que ellos creen y llaman éxito, popularidad, influencia. Como si los números, fueran más importantes, que esas miradas qué te llenan el alma.  Será, soy otro de esos locos que prefieren el silencio. Círculos chicos, pero de corazones palpitantes. De...

Quizás, con el transcurrir del tiempo, de la vida. Me percaté que nunca terminé de aprender nada o del todo...

... Igual, eso con los años, dejó de avergonzarme. Muchas veces, busqué respuestas, donde se suponía estaban. En una voz, de quien parecía saber más. En papeles, que certificaban una fórmula que otros ya habían probado, y resultaban. Así me encontré, de forma frecuente, con ecos de mí mismo; disfrazados de sabiduría ajena. Hasta que un día, dejé de mirar hacia afuera y decidí escucharme y creer en lo que observaba. Hay saberes, que no se estudian. Viven dentro de la memoria, más viejos que cualquier libro. No llegan en frases ordenadas, ni en consejos prolijos. Llegan como intuición, como sensación en el cuerpo, como un tirón que avisa, antes de que la mente entienda por qué. Mi historia, la que de a ratos comparto, no es la que queda bien en un papel, en un guión cuidado. Son simples anécdotas de tropiezos sin gloria, decisiones sin moraleja, tramos enteros donde no entendí nada hasta mucho después. Las historias prolijas se inventan para atraer, para no asustar a nadie. L...