La cámara puede resultar honesta, objetiva, pero hasta cierto punto. Ella registra luz que rebota, formas que están ahí, instantes que no vuelven. Pero eso es apenas la mitad del trabajo. La otra mitad la pone quien aprieta el botón en determinado momento. Dos personas pueden estar paradas en el mismo lugar, mirando lo mismo, con la misma luz cayendo igual para las dos; pero las fotos que se lleva cada una, pueden no se parecerse en nada. Porque uno, no solo fotografía lo que tiene enfrente; fotografía lo que ese paisaje le mueve por dentro. Quizás alguna ausencia. Quizás uno de esos recuerdos que a veces se cuelan sin permiso. Fotografiar es una postura, una manera de estar en el mundo, que se filtra por el visor sin que uno la llame o busque muchas veces. También hay un tercer actor, el que no elegimos, quien mira nuestra foto y también pone lo suyo. Ve su propia ausencia, su propio recuerdo, aunque la imagen sea la misma que vos creaste. ¿Y qué es ...
Tan solo una serie de apuntes que me importan a mi y solo a veces...