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Al fin de cuentas, siempre fue lo mismo, aunque le cambiaran el nombre...

Antes se llamaba "Conversación". Ese difícil y antiguo arte de decir lo que se quiere decir, de escuchar lo que el otro necesita escuchar, de encontrar las palabras que abren en lugar de las que cierran.

Hoy, en tiempos de IA, le decimos "Prompting". Ahora resulta que, las máquinas más sofisticadas que el dinero humano pudo construir, responden mejor a quien sabe conversar. A quien pregunta con precisión, ideas claras, y a veces con agregado de alma. A quien entiende que, una pregunta mal hecha, es una puerta mal puesta: no protege ni deja pasar.

La Ironía es perfecta: enseñamos a hablar a máquinas, y las máquinas nos recuerdan, lo que nosotros venimos olvidando. Cómo que el que escucha bien, pregunta bien. El que pregunta bien, piensa bien. Siempre fue así, en la mesa familiar, en el consultorio, en la plaza, en un poema.

La llamada " Inteligencia Artificial", en definitiva, no inventó nada. Solo puso un espejo nuevo frente a una verdad vieja. Saber Conversar es un Oficio. Tiene Técnica, tiene Ética, tiene Ritmo.
Y hoy, si sabes manejarte, quizás también tenés futuro.

Pero como en todo y siempre, esto es una herramienta para desarrollar y optimizar. No es vehículo de reemplazo, de miseria, de deshumanidad. Como generalmente buscan en lo artificial, quienes padecen de un vacío interno. 

#ReflexionesenOjotas 
#ApuntesalMargen

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