Segunda vez en pocos meses. El mismo hallazgo, el mismo golpe.
Decenas de fotografías familiares tiradas en la calle, sin ceremonia, sin culpa. No en algún margen olvidado de la ciudad: en el centro. Como si la urgencia de deshacerse de ellas no hubiera podido esperar a llegar más lejos.
Fotos que fueron álbumes. Álbumes que fueron domingos, cumpleaños, caras que alguien amó lo suficiente como para inmortalizar. Hoy, descarte. Basura con rostro.
Vivimos tiempos que se olvidan solos. Donde el funeral vale más que el muerto, donde lo heredado se mide por lo que puede venderse y lo que no tiene precio no tiene lugar. La "evolución" nos alejó de los momentos y nos acercó a las ventajas. De lo que nos corresponde por el solo hecho de existir, sin haber dado a cambio ni tiempo ni compañía.
Así avanza la cultura de lo playo, de lo plástico, de los deseos decretados al universo como si el universo tuviera obligación de escuchar.
Las vidas pasan. Los recuerdos, también, aunque creímos que no.
Nuestra eternidad, dura lo que tarda alguien en decidir que ya no nos necesita. Y a veces, eso es menos de lo que pensábamos...
MC
#ReflexionesenOjotas
#ApuntesAlMargen
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