Quizás, con el transcurrir del tiempo, de la vida. Me percaté que nunca terminé de aprender nada o del todo...
... Igual, eso con los años, dejó de avergonzarme.
Muchas veces, busqué respuestas, donde se suponía estaban. En una voz, de quien parecía saber más. En papeles, que certificaban una fórmula que otros ya habían probado, y resultaban.
Así me encontré, de forma frecuente, con ecos de mí mismo; disfrazados de sabiduría ajena. Hasta que un día, dejé de mirar hacia afuera y decidí escucharme y creer en lo que observaba.
Hay saberes, que no se estudian. Viven dentro de la memoria, más viejos que cualquier libro. No llegan en frases ordenadas, ni en consejos prolijos. Llegan como intuición, como sensación en el cuerpo, como un tirón que avisa, antes de que la mente entienda por qué.
Mi historia, la que de a ratos comparto, no es la que queda bien en un papel, en un guión cuidado. Son simples anécdotas de tropiezos sin gloria, decisiones sin moraleja, tramos enteros donde no entendí nada hasta mucho después.
Las historias prolijas se inventan para atraer, para no asustar a nadie. Las verdaderas, tienen el desorden, de lo que realmente se vivió.
Elegir verdades, al menos las propias, muchas veces incomoda. Pero termina siendo, la única forma honesta, de no sobrevivir mintiéndose para siempre...
MC
#ReflexionesenOjotas
#ApuntesalMargen
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