Ir al contenido principal

¿ Quién sos, en verdad?. Alguna vez, ¿ te lo preguntaste realmente?, no de pasada; no como quien hojea un cuaderno que no le pertenece...


¿ Quién sos? ¿ Quién creés ser?

Ojo, la respuesta no viene sola, ni viene limpia. Vive entre lo que mostrás y lo que escondés, entre lo que decís y lo que tragás.

Somos lo que hacemos, sí. Pero también, lo que no nos animamos a hacer; eso que callamos a tiempo, o demasiado tarde. Somos los deseos que confesamos y esos otros que enterramos sin velorio. Somos causa, pero también herida; construcción, pero también derrumbe (el propio, el ajeno).

Nuestra identidad, no es una figura pulida, como quizás auto percibimos. Tiene bordes, tiene sombra. Algunas partes son suaves al tacto; otras, cortan.

Somos ese que eligió vivir de verdad, o el que solo se conforma con no morirse. El que borró los “quizás”, por miedo a verse en un espejo que no miente, que no perdona, que simplemente muestra, devuelve.

Según dicen, “ somos lo que hacemos, con lo que otros hicieron de nosotros”. Con el amor que nos dieron, muchas veces mal dado, con el daño que nos formó sin permiso. Para bien, para mal, quién sabe.

Tal vez nosotros, algún día, si nos quedamos quietos el tiempo suficiente,  podamos escucharnos, podamos respondernos… 


#ReflexionesenOjotas

#ApuntesalMargen 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Así te Destroza el Sistema...

  Vivimos en la era de la información. Tenemos más acceso al conocimiento que nunca antes. Más herramientas para aprender, para crear, para pensar. Y sin embargo, algo extraño está ocurriendo. A medida que el mundo se llena de pantallas, de datos, de conexiones, inteligencias artificiales, parece que colectivamente nos volvemos más superficiales, más tontos. No más tontos en el sentido clásico, sino menos profundos, menos capaces de detenernos, de reflexionar, de pensar por nosotros mismos. Si te fijas, las conversaciones se han vuelto más rápidas, más reactivas, más emocionales. Las discusiones duran lo que se tarda en pasar un vídeo corto y todo lo que no cabe en un titular parece aburrido o complicado. Hemos confundido la velocidad con la inteligencia, la emoción con la razón, la opinión con el conocimiento y no es casualidad. De hecho, nada de esto es casual. Es el resultado de un sistema que se ha ido construyendo poco a poco sin que apenas nos demos cuenta. Un sis...

Identidad. No Sos lo que se ve a simple vista…

Sos lo que hacés cuando nadie te mira, lo que decís cuando la puerta se cierra. Lo que realmente pensás, en esos silencios largos, donde solo estás vos con vos. Porque todos tenemos dos versiones: la que mostramos y la que guardamos. La de la vidriera y la del sótano. La verdadera identidad vive en ese espacio que no fotografiamos, que no compartimos, que apenas nos animamos a confesar. Sos también, esos pensamientos que te avergüenza, esas palabras que dijiste por atrás y que hoy te pesan. Pero también, sos esa bondad secreta que nadie vio, esas pequeñas victorias contra tus peores instintos que celebras en soledad. La Identidad, no es el personaje que construís para los demás, es todo eso que hacés cuando el público se va; cuando las luces se apagan y quedás solo frente al espejo; ese reflejo que también sos vos.  Y ahí, está la parte jodida, no podés mentirte en tu cara. Podés engañar al mundo entero, con tu mejor actuación, pero vos sabés. Sabés, quién sos de verdad...

Divorciado de la Normalidad...

Me confieso, Divorciado de la Normalidad. Más, de esta nueva, la que llegó después de la pandemia. ¿ Se acuerdan? Todos prometiendo volver mejores, más humanos, más conectados. Pero pasada la tormenta, la ola, volvimos igual o peor; en la mayoría de los casos. No me interesa caretearla, en un mundo de cartapesta; cada vez más pasado a humo y ego desmedido. Donde el odio, crece como el pasto, y la humanidad cotiza a la baja. Donde, prácticar la empatía se volvió sinónimo de debilidad, algo a desechar para continuar sobreviviendo.  No me interesan los ambientes ruidosos, desbordados en glamour vacío, brillos sintéticos, halagos que no duran un café, palmaditas en la espalda, puñaladas en pausa. Cardúmenes detrás de algo, que ellos creen y llaman éxito, popularidad, influencia. Como si los números, fueran más importantes, que esas miradas qué te llenan el alma.  Será, soy otro de esos locos que prefieren el silencio. Círculos chicos, pero de corazones palpitantes. De...